Una grata sorpresa

Claire, en el baño maquillándose, escuchó su móvil que sonaba y a la vez su marido que la llamaba. Dejó el delineador de ojos en la encimera y salió a la habitación a coger el teléfono. Se trataba de una llamada más para felicitarla por su cumpleaños. Llevaba ya toda la mañana atendiendo amigos y familiares que la llamaba para felicitarla. Se sentó en la cama y habló con la amiga.

A su espalda, su marido también terminaba de arreglarse, vistiendo un elegante traje azul marino con una camisa blanca. Claire también se había vestido bien elegante con un vestido granate de falda corta y tirantes.

Hoy era su cumpleaños y su marido la invitaba a comer a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, que exigía ir bien vestido. Pero aparte de ese regalo de etiqueta, también le había regalado una bufanda beige que, podía decirse que si de algo hacía colección era de bufandas y con una, siempre acertabas para ella.

—Termino de maquillarme y ya podemos irnos —le anunció a su pareja cuando colgó el móvil.

Claire volvió a meterse en el baño y siguió maquillándose. Estaba pendiente del móvil porque si uno no le llamaba, le mandaba un mensaje y así toda la mañana. Aunque todavía había gente que no la había llamado y no era normal. Sus dos hermanas no la habían felicitado y solían ser las primeras, en especial Rochelle, que era despistada, pero siempre era la primera en felicitarla. No era algo para preocuparse, pero de vez en cuando pensaba en el porque sus hermanas ni sus padres aún no la habían llamado para felicitarla.

Terminó de maquillarse y salió a la habitación para calzarse los zapatos negros a juego con el cinturón que llevaba el vestido y bajó al piso de abajo para coger el abrigo, el bolso e irse al restaurante.

Claire cuando bajó del coche se enroscó la bufanda nueva al cuello para protegerse del frío y se abrochó el abrigo hasta arriba del todo. Tenían que caminar un calle hasta llegar al restaurante y el frío que hacía no daba tregua ni tan siquiera un día como ese.

—No podías esperar a estrenar la bufanda, ¿verdad? —le comentó su marido y Claire se limitó a sonreír.

Prenda nueva que le regalaban o que se compraba, tenía que ponérselo en seguida si podía.

Llegaron al restaurante y pidieron la mesa que tenían reservada al camarero que les atendió. Caminaron a través de otras mesas ocupadas por otras clientes o vacías y ante el desconcierto de Claire, caminaron a otra sala mientras su pareja sonreía satisfecho.

Antes de que pudiera empezar a sospechar alguna cosa, se encontró que todos le gritaban «¡Felicidades!» y se quedó atónita sin saber cómo reaccionar. No se esperaba una fiesta sorpresa ni nada parecido. No había sospechado de nada ni de nadie. Tenía que felicitar a los organizadores porque lo habían hecho perfectamente.

Cuando empezó a asimilar la situación abrazó y besó a su marido muy agradecida por la sorpresa y el detalle que había tenido con ella. Después de él, se abrazó a sus dos hermanas, sus cuñados y sus padres que se encontraban ahí. También se encontraban ahí sus amigos y compañeros de trabajo que uno a uno se acercó a ella para poder felicitarla personalmente en el día de su cumpleaños.

—¿Por eso no me habéis llamado para felicitarme? —les preguntó a sus hermanas.

—Así es. Podíamos esperarnos hasta ahora para felicitarte —le respondió su hermana.

—¡Muchas grácias! —les agradeció una vez más.

Todos ya la habían felicitado y ella ya les había agradecidos el detalle de la sorpresa y ya podían sentarse a comer, pero ella se fijó en una pequeña mesa apartada donde se amontonaban todos los regalos. No pudo evitar ir hasta ahí para abrir alguno. Por más años que pusiera, una parte de ella seguía siendo pequeña y le encantaba abrir los regalos el día de su cumpleaños. Se quitó el abrigo, que con toda la emoción y sorpresa aún no lo había hecho, y cogió dos regalos al azar para abrir antes de comer. El resto ya los abriría después.

El primero envuelto en un alegre papel de flores, contenía un frasco de perfume muy agradable. El otro, que era pequeñito, estaba envuelto con papel azul y contenía una pequeño libro con las tapas de color verde y sin título. Lo abrió y vio que se trataba de una libreta con las hojas en blanco, menos la primera que estaba escrito a mano:

Para la enana de la casa. Llénala con mucha imaginación y buenas historias.

No estaba firmada ni nada, pero conocía esa letra y sólo una persona de los ahí presentes la llamaba «enana». Se acercó a su hermana Rochelle y la abrazó muy agradecida del regalo. El otro regalo no sabía de quién era, así que no lo podía agradecer en persona.

Abierto esos dos, se sentó a comer y después de la comida ya terminaría de abrirlos todos.

cumple claire

Firma Tumblr

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s