Un brindis por la Navidad

Rochelle estaba en la cocina yendo de un lado para otro, cortando los tomates para ponerlos en la ensalada, vigilando el pavo que estaba en el horno dorándose, cortando más pimientos que le parecía insuficiente una vez todo estaba echado en la ensaladera.

Claire por otro lado estaba menos ajetreada acabando de poner la mesa con todo de detalles: los cuchillos, los tenedores, las cucharas, las copas… todo estaba puesto según el protocolo. Las servilletas adornaban los platos vacíos y unas velas rojas en el centro de la mesa le daban el toque final a la decoración navideña de la mesa.

—La mesa ya está puesta —le anunció a Claire desde el portal.

Entró en la cocina y miró como estaba acabando de decorar la ensalada.

—¿Quieres que te ayude con algo? —le preguntó a la vez que se apartaba para que su hermana pudiera llegar a abrir la nevera.

—No —le contestó buscando algo en la nevera—. Ya has hecho lo suficiente con los postres, que tienen una pinta… deliciosa.

—Tu ensalada también tiene buen aspecto.

—El secreto está en la presentación —le desveló Rochelle que volvió a ponerse manos a la obra con la ensalada.

Claire se quedó apoyada en la encimera mirando como su hermana trabajaba. Ya estaba todo preparado para la cena de Navidad y solo faltaban sus maridos y sus hijos que habían ido al parque a jugar un rato porque los niños se ponían nerviosos y sólo querían abrir los regalos y jugar con ellos. Durante la cena sería igual, pero al menos estarían más entretenidos con la comida.

Regresó al comedor para comprobar una vez más que ya estaba todo. Se acercó a una de las grandes cristaleras y se quedó mirando toda la ciudad a sus pies. A su lado se encontraba el gran árbol de Navidad que horas antes los niños habían acabado cambiando de sitio sus decoraciones. A sus pies, se encontraban algunos paquetes envueltos en llamativos papeles de colores y dibujos navideños. Los niños también se habían encargado de jugar a adivinar que había en cada uno o para quien era. Se acordó que no estaban todos puestos, por miedo a que los niños jugando lo rompieran.

—Rochelle —la llamó des del comedor— ¿terminó de poner todo los regalos bajo el árbol?

—¡Sí! —y sacando la cabeza por la puerta de la cocina añadió—: ¿podrías hacerme un pequeño favor?

—¿De qué te has olvidado? —suspiró Claire conociendo ya a su hermana.

—¿Podrías envolver el regalo de mi marido? —le suplicaba con la mirada y sin esperar respuesta afirmativa le indicó dónde se encontraba escondido.

Claire sin decir nada se fue a la habitación de invitados a envolver el último regalo que faltaba.

—Eres la mejor hermana del mundo —le agradeció Rochelle— te abrazaría pero tengo las manos mojadas.

—Anda, termina la cena que no tardarán mucho en llegar los chicos.

Cada una puso manos a la obra con su tarea correspondiente. Claire envolvió el pequeño regalo de su cuñado y terminó de ponerlos todos bajo el árbol, procurando que quedaran todos perfectamente y se vieran bien bonitos a la vista. Intentó que estéticamente quedaran bien y que todos, des del más pequeño al más grande, se vieran. Ella siempre había sido de tener las cosas bien puestas y en orden, pero su hermana —la desordenada por excelencia— le había pegado la manía de que se vieran estéticamente bien.

Se levantó después de poner bien un par de bolas del árbol y se asustó al ver a su hermana de pie al lado de la mesa. Rochelle se rió de ella.

—Podrías avisar… —y la fulminó con la mirada y después compartió la risa con ella.

—¿Ya has terminado?

—Sí, ya sólo falta que lleguen los hombres de la casa.

Rochelle dio una ojeada a la mesa y toda la preparación y recolocó las velas que adornaban la mesa y un par de detalles más que no estaban a su gusto.

—Ya veo que no lo he puesto según el protocolo de la señorita Chelle —se burló su hermana al ver como lo toqueteaba todo para ponerlo perfectamente en su sitio—. Nunca te voy a entender… eres desordenada, caótica, despistada y todas estas cosas y por Navidad siempre tienes que tener la mesa y el árbol perfectamente adornado.

Rochelle se giró con una sonrisa de oreja a oreja dejando entrever los dientes y se fue a la cocina.

—Al menos que un día al año sea más perfecta y menos desordenada, con esto ya soy feliz —añadió volviendo con una botella de champagne.

—¿No esperamos a estar todos?

—No. Las hermanas tienen que brindar primero.

Descorchó la botella de champagne, con algún que otro problema, y sirvió un poco en dos copas. Dejó la botella y cogió las dos copas, una para ella y la otra se la entregó a su hermana.

—¿Por qué brindamos? —preguntó Claire con la copa ya alzada.

—Por otras Navidades juntas.

Youth-and-Family-Christmas-Dinner-413

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