Dulce sorpresa

—¿Necesitas ayuda? —le preguntó el chico des del portal de la cocina.

—No, ya te lo he dicho antes —le contestó sin apartar la vista del bote medidor donde vertía la leche.

—¿Estás segura?

—Tu haz lo que te he dicho.

—Ya he terminado, solo faltan los invitados.

—Esto es imposible —si giró la chica repentinamente y le cayó el bote de harina al suelo—. Déjame tranquila que me pones nerviosa.

El desastre era considerable des del primero momento en que la chica se había encerrado en la cocina para hacer el pastel de cumpleaños. No era muy habilidosa en la cocina y se había empeñado a hacer el pastel sí o sí.

El chico suspiró y observó bien el trabajo que tendría después a limpiarlo todo. Empezaba a pensar que a este paso incluso las paredes terminarían sucias de harina, huevos o la masa del pastel. El suelo estaba blanco de harina, que por suerte el bote que había caído estaba casi vacío. La encimera estaba cubierta de azúcar y cascaras de huevo. En la batidora no había ni un trozo que se viera limpio. En el fregadero no había visto nunca tantos cacharros acumulados en tan poco tiempo.

Nunca se había metido en la cocina a hacer un pastel o cualquier cosa similar, pero no podía creerse que fuera tan difícil y que se creara tal desastre en la cocina.

‑Hubiera sido mejor comprar el pastel.

—¡Vete! —le espetó la chica poniéndose más nerviosa de lo que estaba.

Las chicas llegarían antes de que el pastel estuviera acabado y no podía permitírselo. Era una fiesta sorpresa y tenía que salir todo perfecto sino entonces no se podría llamar “fiesta sorpresa”. Siempre había sido bastante patosa haciendo cosas y aún más si era en la cocina, pero jamás se hubiera pensado que hacer un pastel fuera tan difícil.

Quería sorprender a sus amigas. Había querido preparar una fiesta sorpresa para celebrar el primer cumpleaños de su proyecto literario. Cómo le decía su novio, era una tontería, pero que ella quería hacer. Un motivo de celebración más.

—Aún no entiendo por qué haces todo esto.

—Me apetece, ¿vale? —las buenas formas al hablar ya no existían en ese estado de nervios—. Un cumpleaños de lo que sea es motivo de celebración.

Su novio al ver los nervios que se estaban acumulando, acabó por hacerle caso y se fue al salón.  Además temía por su integridad si seguía ahí, porque se veía con todos los trastos tirados por la cabeza.

—Vete a vigilar que no lleguen las chicas —pero cuando se dio cuenta, la chica estaba sola en la cocina y podía seguir trabajando sin presión extra.

La tarta cubierta de chocolate reposaba encima de la bandeja cuando ella entró en el salón para mostrarle a su novio que había alcanzado el objetivo.

—¡Felicidades! —y le dio un beso como recompensa—. Las chicas estarán orgullosas del trabajo que has hecho.

—¿Tú crees? —le preguntó volviendo a la cocina para guardarla en la nevera.

Con lo mal presentada que veía la tarta y lo casera que la veía pensaba que no era una tarta digna para la fiesta de sus amigas. Era una tarta con bizcocho de chocolate, nata por dentro y cubierta de más chocolate negro. Era en la cobertura donde se veía más la parte casera. No estaba del todo bien cubierto y en algún sitio había exceso de chocolate.

—Las chicas valoran mucho el esfuerzo y después de todo lo que les has organizado, estarán encantadas con la tarta.

Sonó el timbre.

—Ya llegan los invitados.

—¡¿Ya?! Me voy corriendo arreglarme.

—Pasa por la ducha que la harina en el cabello no te queda bien.

tumblr_mco4e7O0Jf1qfj6wko1_500

Firma Tumblr

Anuncios

Piratas, sabuesos y Cuernotorcido

¡Boom!

—¡Nos atacan!

—¡Preparad los cañones, cargad con la artillería pesada! Cuernotorcido y su tripulación no pueden hacerse con el núcleo de radioactividad concentrada —decía el mayor a paso ligero y con el ceño fruncido.

—¿Núcleo de radioactividad concentrada? ¿Qué puñetas es eso? —exclamó la segunda de abordo. El mayor se salió momentáneamente de su papel para dedicarle una mirada de fastidio—, ¿acaso somos piratas espaciales? ¿No podemos ser piratas y ya está?

—Mira que eres clásica y aburrida…

—Habló el friki…

—Eh, chicos… —intentaba entrometerse el pequeño—, Cuernotorcido nos ataca. Venga, va…

Pero al ver que los otros dos no le hacían caso decidió atrincherarse en uno de los peldaños de la escalera, esperando a que los mayores terminaran de discutir. El perro se le acercó en seguida para hacerle compañía. “Tú siempre me haces caso, amigo”, le dijo al animal mientras lo acariciaba. Así pasarían los calurosos minutos, viendo cómo el sol empezaba a descender y a enrojecer al esconderse entre las nubes.

Una bandada de pájaros revoloteaba a lo lejos; parecían emigrar hacia el sur. Se dio cuenta, pero, que huían de un ávido halcón. El sabueso enervó, lo que hizo que el grumete sacara su pistola y apuntara no con muy buen pulso. Cada vez lo tenía más y más cerca, parecía que fuera a colisionar con el navío. En el último suspiro sostenido en el pecho del pequeño, el predador enderezó el rumbo: voló disparado en perfecta posición vertical, perdiéndose entre las velas que ondeaban por encima de hocicos y cabezas.

Con el murmullo de la insistente discusión de sus superiores manteniéndose más allá de un segundo plano sonoro, la quietud de aquél presente generó el silencio absoluto de entre la tensión en ebullición. Se oyeron golpes opacos en la cubierta del castillo de popa, pero no conseguía divisar nada; aún queriendo permanecer oculto escalones abajo, empezó a gatear sigilosamente listones de madera hacia arriba. Tuvieron que detenerse él y el perro, que le seguía igual de cauteloso, pues los ruidos evolucionaron a firmes pasos de prominentes botas. El portador de ellas se paró justo delante del flequillo del grumete, pues se asomaba indiscretamente descubriendo su presencia. El pequeño alzó la cabeza y, tragándose un grito quedando boquiabierto, vio la imponente silueta a contraluz: traía un sombrero enorme, ¡y el halcón descansaba sobre su hombro! No había duda de que era el temido Cuernotorcido.

Se aguantaron la mirada, incluso el hombre torció una tenue sonrisa de salutación. El grumete tan sólo pudo tragar saliva sin quitarle ojo. Quería avisar a la tripulación de la inesperada intrusión del enemigo, pero había una fuerza mayor que le impedía pronunciar palabra alguna. Desvió la atención hacia los mayores: seguían discutiendo.

—¿Ah, sí? Pues voy a cortarles la cabeza a todas tus muñecas.

—No te atrevas a tocarlas, niñato del demonio —espetó la segunda de abordo—. Tú a mí no me mandas.

—Aquí manda el Capitán —sonrió el mayor de modo impertinente e hinchándose de orgullo—, y su mano derecha soy yo.

—No seas mentiroso…

—¿Se lo preguntamos, listilla? —le retó él.

—No tienes lo que hay que tener… —canturreó la segunda de abordo.

Al pequeño grumete, entre que no sabía cómo entrometerse y que tenía a Cuernotorcido acechándolo tan sólo con su presencia, se le estaba haciendo todo una montaña. Intentó balbucear un par de sílabas, pero no consiguió llamar la atención. Necesitaba un milagro que lo pusiera todo en su lugar. Y en aquél preciso momento, se oyó al Capitán del navío gritar:

—¡Chicos, la cena está lista!

Ya no había piratas ni cañones ni velas. El antes Cuernotorcido se había agachado en cuclillas hacia el pequeño y, con voz suave, le dijo:

—Hijo, ¿vas a dejarme bajar?

treasure-planet-disney-67631_1024_768

Firma Tumblr

La oportunidad

—Aquí tienes.

El camarero le dejó el café con leche al lado del ordenador regalándole una sonrisa simpática. Y también le dejó un cenicero.

La chica levantó la vista de su libretita y sonrió al ver que en la espuma del café el camarero había dibujado un cara sonriente. Ella le sonrió agradecida. Necesitaba un detalle así para calmar los nervios.

—¿Exámenes? —se interesó el chico al ver el portátil y la libreta en el regazo de la chica—. Disculpa, no ha sido correcto entrometerme en tus asuntos.

—¡Oh! No te preocupes —le sentaba bien a la chica tener una conversación trivial con el joven camarero—. ¡Ojalá fueran exámenes! —suspiró— Una entrevista de trabajo, pero he llegado con tiempo y hago otras cosas antes de que los nervios me maten…

—O el tabaco.

Los dos se rieron.

—Lo sé, debería dejarlo, pero hoy no es el día.

Un cliente entró en la cafetería y el camarero fue dentro para atenderlo.

—¡Que tengas muchas suerte!

Los nervios volvieron a apoderarse de la chica. Hacía tiempo que esperaba una oportunidad como esa y quería hacerlo perfecto para conseguir el puesto de trabajo. Miraba los coches que pasaban por encima de los arbustos de la terraza de la cafetería. Soltó el humo de la calada y miró las notas de la libreta que reposaba en sus piernas. dejó el cigarró en el cenicero y abrió un documento de texto en el ordenador. Mientras esperaba se pondría a escribir la entrada semanal del blog que tenía.

—¿Sara?

Levantó la cabeza del ordenador al escuchar su nombre y ante ella se encontraba un joven hombre bien vestido con unos tejanos y una camisa.

—Sí, soy yo

—Encantado de conocerte —le extendió la mano— soy Adam, hablamos por teléfono.

Ella se levantó y encajó la mano con la del hombre. Los dos se sentaron y ella cerró la tapa del portátil y apagó el cigarro en el cenicero para no molestar.

—Cuéntame, ¿qué hacías?

La pregunta le cogió por sorpresa porqué se esperaba una pregunta de las habituales en una entrevista de trabajo.

—Estaba preparando una entrada para el blog que tengo.

—¿Y sobre qué trata?

El camarero irrumpió la conversación para dejar en la mesa un café para el hombre.

—Sobre literatura. Hago reseñas de libros que leo, cuento novedades editoriales o escribo sobre presentaciones de libros a los que he ido.

—Interesante —dió un sorbo en el café—.Hace un tiempo que nos planteamos añadir un apartado de literatura en la web y también en la revista y… ¿me dejarías echar un vistazo?

—¡Claro! —hablar de su blog le estaba quitando los nervios de la entrevista.

Sara abrió la tapa del portátil, abrió el navegador y tecleó la dirección de internet y le mostró el blog.

Adam empezó a ojear el blog mientras la chica bebía su café con leche. Al cabo de un rato dió su veredicto.

—Me gusta mucho el contenido, es joven y fresco y para un público muy en la línea de nuestra revista —dio otro sorbo de café— y esto me recuerda al artículo que me enviaste. También me gustó mucho. Tienes un estilo de periodismo que me gusta mucho y es lo que buscamos.

—Muchas gracias. No me gusta el periodismo de hoy día y creo que tendría que llegar a todo el público como el contenido de vuestra revista.

Todas esas buenas notícias le estaban haciendo crecer las ilusiones de conseguir el puesto de trabajo, pero a la vez se decía que no lo hiciera  porque aún no había nad confirmado.

—Me gusta como piensas, pero aún no puedo decirte nada. Tenemos otros candidatos.

—Lo comprendo.

—De todos modos, quiero mirarme con más detenimiento el blog, porque es algo que buscamos. ¿Te parecería bien que usaramos tu blog?

—Me parece perfecto, pero… —no sabía cómo sacar el tema económico.

—Si usamos tu blog te pagaremos por ello —añadió ñe viendo la preocupación de la chica.

—Si no te llamamos por un puesto de trabajo te llamaremos por el otro —Adam extendió la mano— ¿Te parece bien?

Ella le encajó la mano y cerraron el trato.

—O por los dos puestos.

El hombre se terminó el café y se despidió de la chica.

Sara se sentó en la silla aliviada por las buenas noticias. Había ido a una entrevista de trabajo por un puesto y quizás había salido contratada por otro. No sé lo creía. Nunca se hubiera imaginado que su blog, que lo hacía por afición y amor a los libros, le ayudaría a conseguir un trabajo.

Apareció el camarero para llevarse la taza de café vacía de Adam.

—A juzgar por la cara, ha ido bien, ¿verdad?

—Sí —contestó con una sonrisa de oreja a oreja.

tumblr_static_tumblr_static__1280

Firma Tumblr