Cena de etiqueta

—Estoy harta de tanta llamada —se quejó mi compañera de trabajo después de colgar el teléfono.

—Ya me gustaría cambiarte el trabajo hoy —suspiré profundamente.

Estaba más que harta de redactar informes y más informes durante toda la mañana. Sólo me había movido de enfrente de mi ordenador para desayunar y no paraba de mirar el reloj del ordenador en la esquina inferior esperando que fuera la hora del almuerzo.

Sonó mi móvil indicando que me habían mandado un mensaje. Normalmente en el trabajo no le echaba un vistazo, pero era la excusa perfecta para levantarme y desconectar un momento de tanta pantalla de ordenador.

—¿Quién es? —preguntó mi amiga antes de que pudiera consultar el teléfono.

Me apoyé en el borde de la mesa y empecé a leer los mensajes.

—Es de Mark, pero es extraño —hablé releyéndome el par de mensajes que me había mandado. Mi amiga habló, pero no le presté atención estaba pensando que contestarle— Mañana a las ocho de la tarda me quiere vestida de etiqueta en el portal que vendrá a recogerme —acabé hablando después de contestarle con un simple de acuerdo.

—¿Y eso? ¿Un cita? Ha tardado una semana en dar señales de vida, pero por fin te pide una cita. Aunque tú también fuiste tonta ese día —mi amiga ya se montaba la película ella sola y yo sólo me limitaba a escucharla—. Ahora te guardas el número con su nombre y un par de corazoncitos al lado y a ver si así no lo pierdes. Porque mira que eres torpe.

—No me hables de ello que llevo días martirizándome… —me dejé caer en la silla.

—¿A quién se le ocurre borrar el número en vez de guardarlo?

—¿No tienes que hacer todas esas llamadas antes del almuerzo? —le desvié la conversación—. Además, yo quiero terminar estos informes ya.

 

Puntual como un reloj llegaba al portal de mi bloque de pisos dónde Mark, vestido de traje negro, me esperaba para la misteriosa cita. Nos saludamos con un par de besos en la mejilla y nos quedamos ahí de pie mirándonos.

—Estás muy guapa y el color rojo te queda muy bien —me halagó rompiendo el silencio—. Perfecta para nuestra velada.

No tenía ni idea de dónde quería llevarme así que había decidido ponerme un vestido rojo de falda corta y unos tacones negros mucho más cómodos que los de la última vez. Me había pedido que fuera de etiqueta, pero desconocía que se traía entre manos.

Me cogió la mano y caminamos hacia la calle para pedir un taxi. Como todo un caballero me abrió la puerta y me dejó subir. Indicó al taxista la dirección a la que íbamos y el nombre de esa calle me sonaba. Empecé a pensar porque razón me sonaba tanto el nombre de esa calle y con que la asociaba, hasta que una pregunta de Mark me sacó de mis pensamientos. Me había preguntado sobre el trabajo. Le contesté y el resto de trayecto me estuvo preguntando acerca de más cosas de mi aburrido trabajo.

Al llegar al lugar donde íbamos, recordé porque me sonaba tanto la dirección. En años anteriores había ido muchas veces a ese lugar acompañando a mis padres en una cena anual y hoy era esa cena.

Bajé molesta del taxi, después de que Mark me abriera la puerta. Empecé a subir la pequeña escalinata que nos separaba de la puerta principal y Mark a mi espalda se quedó vacilando en el primer escalón. Se había percatado de mi cambió de humor. Sabía muy bien que odiaba esas fiestas para ricos hombres que se aburrían en su monótona vida y me había llevado a una en nuestra primera cita. Yo me esperaba una cena romántica en algún restaurante u otra cosa, menos eso.

—Laura —me llamó en cuanto entramos después de enseñar la invitación—. ¿Qué te pasa?

—¿Porque me has traído aquí? Sabes que odio estas fiestas, al igual que tú.

—Sé que no te gustan estas fiestas, pero no pensé que te pudieras poner así —se disculpaba—. Además, no quería estar aquí sólo y prefería estar contigo.

—Hazme un favor…

—¡Laura! —escuché mi nombre a mi espalda y no pude terminar la frase.

Suspiré profundamente y cambié mi expresión de enfado por una sonrisa fingida y me giré para saludar a mis padres. Les di un par de besos y me vi obligada a presentarles a Mark.

—Somos amigos y me ha pedido si lo podía acompañar para no aburrirse.

—¿Amigos? —cotilleó mi madre.

Tragué saliva porque no quería contestar al interrogatorio que venía a continuación, pero como un salvador anónimo apareció un amigo de mi padre y, por suerte, se desvió la conversación.

—Si nos disculpáis… —y nosotros dos nos fuimos hacia el salón donde estaba todo listo para la cena de etiqueta de esa noche.

—Olvidé que tus padres frecuentan estas fiestas —Mark quería disculparse.

—Sí y es por eso que estoy molesta… le próxima vez me avisas antes.

Suspiré aliviada porque por esa noche se había acabado dar explicaciones a mis padres.

—Cenamos y luego nos vamos a dónde tú quieras, ¿sí?

—Me parece perfecto.

tumblr_m2jkj3sgy71ru0gaio1_500

Firma Tumblr

Desconocidos de etiqueta

Tiré el bolso en el sofá después de cerrar la puerta con el pie. Me acerqué al ventanal y fijé la vista en un piso concreto del edificio que había justo enfrente del mío. Estaba oscuro y no había señales de vida en su interior esa lluviosa tarde.

Miré el reloj de pulsera una vez más y comprobé que por más deprisa que fuera en arreglarme llegaba tarde, así que sin demorar más tiempo me puse en marcha.

Me duché y me peiné de forma grácil en menos de lo que me hubiese esperado: un recogido con cuatro mechones rizados sueltos. Seguidamente me maquillé con tonos acordes al vestuario de esa noche y me adentré en el vestidor en busca del vestido largo, amarillo y de tela vaporosa que había elegido para esa ocasión y busqué los tacones negros a juego con el bolso de mano y la fina chaqueta que me protegería del frío nocturno.

Me miré al espejo. Ya casi estaba lista: sólo faltaban un par de joyas para darle más sofisticación al look. Ahora estaba lista para salir y asistir a la gala, la cual no me apetecía nada ir, y menos sola. Esta vez, mis padres andaban casualmente de viaje… Para el próximo año ya me encargaría yo de no estar en la ciudad en estas fechas.

En el exterior ya no llovía, pero estaba todo encharcado y tenía que vigilar donde ponía los pies si no quería estropearme el modelo. Llamé a un taxi y éste me llevó hacia dónde se celebraba la fiesta. Ya llegaba bastante tarde, pero le pedí que se apresurara.

El taxi me dejó al otro lado de la calle y con tan sólo bajar ya escuché las notas que tocaban los violines en el concierto de cuerda que se celebraba. Esperé a que no pasaran tantos coches y crucé vigilando no meter el pie en los charcos. Llegué al otro lado y cuando el botones se acercó para ayudarme a esquivar un gran charco, pasó un coche y me mojó toda la parte inferior del vestido. Solté palabras que jamás debía de decir una señorita, pero ya no podía ir peor el día.

Enseñé la invitación y me dejaron entrar. Dentro todos los presentes estaban pendientes del concierto que tenía lugar en la sala central. Los camareros estaban acabando de preparar con sumo cuidado los canapés y las copas de champán en la antesala. Pasé de largo, entré donde se encontraban todos y tomé asiento en la silla más cercana. Según el programa de la gala benéfica y la hora que era, sólo me había perdido una pieza de una joven orquestra.

Terminado el concierto, aplaudí como todos y me dirigí a la otra sala para hacer un poco de vida social, no sin antes coger una copa de champán.

Salí a uno de los balcones para tomar el aire y alejarme un poco de todo aquel protocolo y etiqueta que todo el mundo fingía. A la vez, también quería fumar, pero en mal momento lo había decidido dejar.

—Una chica como tú no debería estar aquí sola —escuché una voz masculina a mi espalda.

—Necesito tomar el aire —contesté sin girarme y con pocas ganas de entablar otra conversación protocolaria.

Por el rabillo del ojo vi cómo el chico se situaba a mi lado y despreocupadamente se ponía un cigarro entre sus labios. Me giré y le pedí uno, pero mi corazón dio un vuelco en cuanto vi que ese chico era el vecino al que contemplaba siempre que lo veía en el balcón.

Él se sacó los cigarrillos del bolsillo de los pantalones, me ofreció uno y después de encender el mio, se encendió el suyo.

—¿Nos conocemos? —preguntó inesperadamente y me atraganté con el humo, como si fuera una novata—. Es broma, soy Mark, el vecino del bloque de enfrente —alargó la mano.

—Yo soy Laura —le correspondí al gesto—. No te hubiera imaginado metido en una fiesta de éstas…

—Ni yo a ti, pero soy uno de los músicos y es lo que me da de comer.

—Pues no te he podido ver —me disculpé—. He llegado tarde, para colmo —y solté el humo con energía.

—¿Un mal día? —se interesó sin fingir, no como los presentes del interior.

—Creo que ya no puede ir peor… mi ahora ex-novio, que está en el extranjero, justamente hoy ha decidido que deberiamos darnos un tiempo. Seguro que ha encontrado otra…

—Ninguna más guapa que tú —me interrumpió Mark, pero seguí con mis quejas.

—Mis padres están casualmente de viaje y no he tenido más remedio que asistir sola… Con los años que hace que vengo y nadie ha conseguido aprenderse mi nombre aún: ¡Ah sí!, tú eres la hija de… —imité el hablar de los presentes de la gala.

Al chico le hizo mucha gracia la imitación y no pude evitar fijarme en los hoyuelos que se le formaban en la comisura de los labios al reír. Conocía su físico general, pero esos pequeños detalles no se veían a varios metros de distancia y me gustaban provocándome un leve rubor en las mejillas.

—¿Y sólo por eso has llegado tarde?

—Encima, por un día que pido salir antes, al jefe le tiene que ir mal una importante venta y nos hemos tenido que quedar todos, sin excepción, para solucionar el problema. En cinco minutos he tenido que arreglarme, los zapatos más cómodos que tengo me duelen, y encima hoy tenía que llover para que un conductor tuviera la satisfacción de mojarme todo el vestido.

—Té da un toque diferente a los demás.

Le sonreí halagada.

—Yo he perdido las partituras del piano justo antes de empezar el concierto… —me contaba con una sonrisa—, pero en el último momento alguien me las ha encontrado en el baño.

Me reí de cómo lo contó porque quería sacarle importancia al mal día que había tenido yo.

—¿Sabes qué? Tú no quieres estar aquí, ni yo tampoco, así que te propongo cambiar estas copas de champán por algo más fuerte y así te desahogas.

Me entraron dudas. No lo conocía de nada, pero con estos cinco minutos había tenido suficiente para ver que era divertido y simpático.

—¿No me digas que tienes dudas porque soy un desconocido? —incluso tenía dudas en la respuesta de su pregunta—. No me sirve de excusa porque creo que sabes a qué horas salgo a fumar en el balcón, por poner un ejemplo —me ruboricé por completo—. ¿Ésto es un sí?

—¡Vámonos de aquí! —sentencié.

 10470967_1477984252477036_9008333169360488422_n

Firma Tumblr